Una tarde donde la niebla era lo único presente en las calles de Barcelona caminaba un niño de la mano de su padre, al llegar al cruce los dos pararon.
-    Oye papa, a donde se van los muertos? pregunto el niño.
-    Se van al cielo son eso puntos brillantes que parpadean en toda la noche.
El niño levanto la vista, contemplando una estrella fugas. La cual desapareció.
-    ¿Pero como saber donde esta mama en el cielo, si son cientos de ellas?
-    Pues simple. Siempre abra alguna que te llame más la atención, aquella que es diferente de las demás, ya sea por su color o por su tamaño.
De nuevo el niño alzo la vista en busca de esa estrella desaparecida. Cual fue su sorpresa, la volvió a ver en el mismo lugar de hace rato, sintiendo caer hacia el. De inmediato el niño le percato su sorpresa.
-    ¡Mira, mira papá¡ es mamá
El padre se hinco abrazando a su hijo, levantando su vista. Viendo la propia imagen de aquella que fue su esposa, la mamá de su hijo.
De inmediato abrazo por completo a su hijo, en tanto el padre sollozaba recargado  en el hombro de su hijo. A la vez el niño seguía observando a su madre ahí­ en el cielo.

~ PREAMBULO ~

Acabo de recordar aquel atroz acontecimiento, llevándose un pedazo de mí­ ser. No se si fue el destino o él quiso morir como inmortal  y la única forma de hacerlo fue por amor. Quiso morir como Romeo y Julieta, como el militar muriendo por su patria o como el padre que muere por la sangre de su hijo por las injusticias de la sociedad.
El murió físicamente por amor, pero el esta a.C. en el aire volando con el corazón en la mano, surcando cielos desconocidos, donde solo el viento le dirige su camino y las estrellas le cuentan historias de amor en las noches tristes, aun a pesar de estar cansado nunca descansa de volar tan alto, como las palomas al ver el sol surcar del horizonte con la saeta y el arco en la mano para flechar su mitad perdida. Eso era Luís, mi mejor amigo. Alguien que va la vida por ti y se preocupa por verte feliz.
Apenas ayer cumplió un ano de haber muerto y siento que hoy se fue de mi vida, también de la vida de Daphne. Incontables ríos le ha llorado en cada noche sin luna, pero saben yo se que por cada lagrima que corre desde el rabino del ojo de Daphne y cae al suelo, es un beso por parte de Luís.
Solo su corazón se desvaneció con el tiempo y murió en silencio aquel día de su entierro un  22 de diciembre, llevándose no solo su cuerpo a la tumba, también un poco de mi alma y la vida completa de Daphne.
Aun recuerdo aquel día tan inmortal y tan perenne. Que hasta hoy en días parece renacer en mi­, como si lo volviera a vivir una vez mas, pero por mucho lo recuerde no regresara nunca Luís, mi amigo. Solo su recuerdo llega invocando sus palabras que ahora son canciones y fragmentos de vida, los cuales repito una y otra vez en mi mente.
Ojala Dios lo socorra donde este y lo tenga en su santa gloria. También no te olvides de Daphne, una mitad perdida en el camino abismal de esta vida tan efímera.

I

Era aquel día 22 de diciembre tres días antes de navidad y solo dos para ser noche buena.  El cielo era de cobre, algunas nubes apenas si se contaban pues prevalecía el color azulado color mar y a pesar de haber salido el sol, un halito de aire gélido corría en derredor de todas las calles de este laberinto llamado Santa Inés.
Esa noche tratar de conciliar el sueño fue en vano, por mas que trataba no podi­a, es cierto que en ratos dormía un poco pero algo me hacia despertar como: el sonido agudo del chillido de un gato, o el repique de las campanas de la iglesia, mientras la ciudad dormía en ese sueño tan merecido, yo seguía en vela.
Mi habitación estaba en tinieblas y el mundo me pareció un lugar mas oscuro y siniestro de lo que parecía la noche anterior, en veces dirigía mi mirada a la ventana, la cual comunicaba a la calle y no fue hasta cuando vi en ella una sombra, en forma de silueta algo fantasmal, cuando decidí­ cerrar los ojos, aquella noche del 22 de diciembre.
No fue hasta la mañana cuando Daphne toco mi puerta dándomela mas grave y conmocionarte noticia.
Al verla me di cuenta que habi­a sucedido algo, un accidente o algo así, pero nunca pensé, algo que involucrara a Luís.
-    ¿Te ocurre algo? estas blanca
Me miro fijamente inmóvil, como si se comenzase el mundo a derrumbarse a fuera a su alrededor.
-    Murió Luís -  me dijo en pleno llanto y sollozos.
No pude evitar embargarme una sensación de tristeza y desaliento, sintiendo también a la vez,  caer su alma a mis pies. Apoderándose un silencio sepulcral.
De inmediato la abrase, tratándole de quitar un poco de su pena.
-   ¿Como Luís? Si era mas bueno que el pan y no se mete con nadie. â Me dijo.
Quise replicar algo, pero las palabras se me habían quedado congeladas en los labios.

II

Dos semanas después de su entierro, me dirigí­ a dejarle flores al panteón. Camine por todos aquellos lugares recorridos el mismo día de su sepelio, recordando la mirada casi ca­da al piso de Daphne, en momentos llegue a pensar que enterraríamos a dos personas en vez de una aquel día.  Pero no fue así, tal vez al final se resigno en las palabras que le dije.
-    El murio, pero su recuerdo no, ¡aun vive! Ya no esta con nosotros físicamente. Alguna vez alguien me dijo: la peor muerte es cuando la gente se olvida de ti. De nosotros depende que siga aquí. El te amo tenlo por seguro.

Cuando el féretro, labrado de madera fina con imágenes de cruces y ángeles, bajaba a la cripta pude ver como el desvarió, en debilidad hacían sucumbir a Daphne, cada vez que veía el féretro bajar un poco mas al suelo.
En todas las inmediaciones del lugar pude observar caras desconocidas, vestidas para la ocasión de negro y cuando el padre dio las últimas palabras un mutismo acaparo toda esta estancia fúnebre.
Cuando al fin llegue a su cripta acompañado de una lagrima en cada ojo, no pude contener el llanto al ver el epitafio junto a la entrada de su cripta:

Luís Antonio M.: 22 de diciembre de 1824.
Murió de amor un día como hoy.
Dios lo tenga en su santa gloria.

Así­ con las lagrimas en los ojos, sollozos y recuerdos presentes vagando  en toda mi mente, prenda la veladora, colocándola justo ahí donde estaba el arreglo de flores que le habi­a dejado Daniel y yo, para que antes de irse de este mundo, viera quien lo recordaba hasta el ultimo momento de su partida.
A sabiendas que solo me estaba lastimando decidí­ partir, no sin antes decirle en voz alta, como si el me escuchara:
- Haya en el cielo me estarás esperando solo espera, pues yo al igual que tu estoy empezando a morir en vida.

Cuando ya salía del panteón fantasmal y sombri­o, pude observar de nuevo aquella sombra o silueta grisácea, la cual me observaba de frente, parecía un centinela observándome. La piel se me enchino al instante, era indudable es el. De inmediato baje la mirada y cuando volví­ a voltear una ráfaga de aire me impedía salir del dormitorio de los fieles difuntos.
Era el de eso no teni­a la menor duda, pero como deci­a mi abuelita: cuando se aparecen fantasmas, es por que su alma no descansa. Se dice que la persona que lo ve, es la indicada para cumplir su último cumplido incompleto.

Al caer la noche y antes de dormir me preguntaba - ¿Cual es su último sueño que no lo deja descansar?
Trate de buscar respuesta miles de veces pero no la encontré, inútil fue mi intento. Acto seguido hurgue en mi pasado, reviviendo cada instante muerto por la sombra del tiempo. Empezando hacer memoria recordé la donde me platico como habi­a conocido a Daphne.

~ EL COMIENZO DE UNA HISTORIA FELIZ.

Te acuerdas Manuel la vez cuando comente sobre una chica, tímida, pelo rizado, con un poco de rime en la cara y unos ojos que matan al verlos  - me dijo.
-    Asentí con la cabeza y continúo.
Ya sabes los viernes me justa pasear por la plaza de las águilas, aunque a veces me pregunto, ¿por que me gusta tanto estar ahí, viendo el tiempo correr? Nunca habi­a obtenido respuesta hasta el día de hoy., cuando conocí a Daphne.
La chica de ojos miel, con la mirada perdida a las estrellas, tal vez esperando la tardanza de un cupido. Me llegue imaginar.  Estaba justamente ahí­ a escasos metros frente de mi­, sentada, bajo la luz de la luna contando cada estrella en el cielo sin luna, la brisa del viento gélido ladeaba su cabello ondulado y en ocasiones la hacia tiritar, aun así ella siguió sentada.
Por un momento pensé. Nunca mas la volveré a ver, por que sin razón alguna, se puso de pie y camino a la avenida eje 4 con soledad, percatándose de mi mirada, alzo la vista y de inmediato me sonrió.
Contestándole su simpatía con el mismo gesto la vi partir, en la oscuridad acompañada de las hojas secas que yacían sobre el suelo, esperando ya el invierno.
Por un momento vi mi mitad perdida alejarse de mi­, para nunca jamás volver, pensé una y dos veces salir corriendo y detenerla antes de cruzar la avenida. De un salto me puse de pie  y fui directo a su partida, apreté un poco el paso al ver a nadie por aquel alboreada adornando el pasillo camino a la avenida eje 4.
No encontré nada ni siquiera su sombra al llegar junto al cruce, lo único que me esperaba eran todos aquellos automóviles multicolores viajando a toda prisa.
Atisbe del otro lado de la avenida y ni siquiera su sombra estaba ahí­. Al no obtener resultado beneficioso, regrese al mismo lugar donde había estado antes, en el camino, escuche a alguien reír casi a mi lado, voltee alrededor y nada, camine un poco mas y el sonido se hacia cada vez mas agudo. Fue hasta cuando me percate de su persona detrás de un árbol, escondida riéndose de mi­.
Me miro a los ojos, sin decir palabra tendiéndome la mano. Se la tome mientras ella pronunciaba su nombre, mientras mi cara se ruborizaba al verla.
-    ¡Hola me llamo Daphne, eres patético sabias!
-    ¡Que tal soy Luís!, de hecho corría tratando de buscarte.
-    Lo sabia tonto, desde cuando me empezaste observar viendo al cielo. Ahora has aprendido algo. Las mujeres siempre intuimos cuando un hombre le llamamos la atención, vi el momento exacto cuando tu rostro cambio completamente, al llenarse de desilusión, fue por eso que empecé a reír.
Al verla de nuevo los dos empezamos a reír.
Fue aquella noche 18 de diciembre (1822) cuando conocí­ a una persona especial, desde aquel instante supe que nuestro noviazgo era algo inminente en un futuro no muy lejano. Solo seri­a cuestión de tiempo.

III

Ese fue el año donde empezó a vivir  la vida y agonizar en la misma, aunque incontables veces he llegado a la incertidumbre de: ¿acaso perdió gano al conocer a Daphne?
Partiendo de vista de perder; su vida  y del otro extremo gano; momentos felices. Creo que si fuera un juego de fútbol, esto seria un empate.
Me atemoriza y estremece la idea de pensar: en el amor solo existen dos caminos el olvido y la felicidad. Luís escogió el menos transitado, esa es la única diferencia. Dicen que para el olvido el mejor remedio es el tiempo y en cambio en el fue la muerte.

Al acordarme de todo eso, tome una hoja de papel y un bolígrafo, dejando que la pluma siguiera su curso sin ninguna censura.

Su sombra nace de su recuerdo, del cese de su llanto desde la tumba. Aun no era su hora final y alguien sin motivo de anticipo cortó su vida. Ahora a cada año vendrá con el tumulto de gente como el; aquello sin vida y con sombra, vestidos para la ocasión de anhelo, cantando poemas de nostalgia en esta vida sin vida.
Viene y va en cada noche ocultándose en las tinieblas de la oscuridad azulada, tormentosa luz de luna, hombre sin rostro solo su sombra se refleja en las tinieblas de cada día, en la propia oscuridad de su hui­da al mundo de los recuerdos. Llamado por muchos el dormitorio de muertos; cementerio.
Vendrá como es costumbre, a visitar su antigua vida, esperanzado de una ilusión. Renacer.
Sueños tras sueños borrados fueron, ¿todos ellos donde quedaron, donde están?

Cuando el sol se hubo ocultado detrás e las propias montañas, donde lo vei­a nacer día a día y las nubes desaparecer por un cielo estrellado.
De momento recibí una llamada inesperada. Sonó una vez el articulador y no fue hasta la segunda vez, después de 5 minutos de haber escuchado la primera llamada, cuando llamo Daniel.

Daniel era un antiguo amigo, de cabello rebelde, con gran gusto por las chicas al igual como con la cerveza. No era de esos tipos que toman por tomar, no. Siempre tenía una razón, por si alguien de casualidad en su rato de alcohólico preguntara: ¿por que tomas? Casi siempre respondía diciendo â acabo de cumplir dos meses con mi novia, me invitaron a una fiesta y como despreciar  el fabuloso alcohol. Acostumbraba llevar como un tatuaje su llanta de refacción o como el le solía llamar flotador a donde el fuera, era una especie de sombra maligna que lo acompañaba hacia mucho tiempo.
Lo conocimos un día de tantos en un bar., tirado con la barriga salida a flote y una botella a su lado, cual si fuera su querida esposa. Sin pensarlo Luís y yo le preguntamos:
-    ¿Estas bien?
Al no haber respuesta, llegamos a creer que habi­a muerto de tanto alcohol en las venas, pero no, solo dormía. De un zarpazo abrió los ojos, diciendo cosas ilógicas como:
-    Y mi zapato ¿donde esta?
Como vimos que no estaba muerto, solo en estado alcohólico, lo dejamos hablar solo, para que el viento le curara sus penas.
Tiempo después lo volvimos encontrar, solo que esta vez, éramos nosotros los ebrios, siendo el quien nos pago la cuenta aquel día. Nos hicimos amigos y hasta la fecha seguimos bebiendo juntos, aunque ya solos el y yo.

Sin decir razón alguna oí­ decirme:
-    voy para tu casa. No vayas a salir.

Tarde más en colgar el teléfono en su lugar, cuando oí­ el timbre en la puerta. Sabi­a quien era, por lo que no me moleste ver quien era por la ventana.
Con la piel casi blanca, respiración acelerada y una voz incomprensible se desplomo justo al abrir la puerta
-    Estas blanco. ¿Te encuentras bien?
Levanto la mano, tomando aire desde el piso con la espalda un poco arqueada y a la vez realizando una mímica diciéndome: permíteme, eso creí­ entender.
-    Estoy bien lo dijo con una voz entrecortada.

Por un momento llegue creer. La muerte de nuevo; pero no solo era algo fácil, al menos eso esperaba y nunca lo que me iba decir.
Lo invite a tomar asiento, mientras me entregaba a mis manos un periódico amarillento, doblado por la mitad, justamente de hace un mes, sintiendo un súbito puñalazo justo al corazón, supe de que se trataba.
-    Por casualidad lo encontré hoy tirado en la calle, te lo digo por si querías saber donde lo habi­a conseguido.
Sin dejar pasar el tiempo correr e impidiendo que la duda formulara hipótesis irreales en mi mente comencé a leer el texto:

23 de diciembre de 1824
A escasas horas de la noche se encontré un cuerpo de escasamente menor de 20 años, al parecer murió por problemas de vandalismo. (Aunque no se sabe la causa real de su muerte) Yacía tirado acompañado de un charco de sangre de sangre y unos papeles en mano, al parecer nunca llego a su destino, de aquel día, debido a que recibió una cuchillada a escasos centímetros cerca del corazón.
El cuerpo responde al nombre de Luís Alfonso Mata.
Se piensa que no fue robo pues su cartera se encuentro intacta en la bolsa trasera de su pantalón.

Cuando acabe de leer la noticia tuve el sortilegio, la seguridad que quien hubo realizado aquel atroz crimen no lo hizo por el a fan de matar por matar, sino por odio, venganza. Al alzar la mirada encontré a Daniel llorando a moco tendido y con su mano cubriéndole el rostro.
Por un momento sentí­ que se me caía el alma a los pies.  Trate de decirle algo pero mis palabras se las habi­a llevado el viento, solo pude morderme los labios para no demostrar, que también lloraba como un niño. Lo abrase, mientras el continuaba enmudecido tristemente y yo de de melancolía pegado a su hombro.
-    Ella fue la culpable ahora lo sabemos -  lo dijo con una voz llena de suspiros y llantos a la vez. Se puso de pie y continuo â discutieron horas antes de haber ocurrido, lo que nunca tuvo que pasar.
Un mutismo lleno de silencio la sala.
-    En verdad ella no lo apuñalo, fue Art.
Inmerso en la duda no pude callar, permitiendo que continuara.
- ¿Quien fue Art. en la vida de Luís o de Daphne?
- Siéntate deja que te explique desde el principio.

Hacia tiempo, en la época en la que Luís vei­a todo rosa y Daphne a un príncipe totalmente azul, la vez que se conocieron. Desde aquel instante Luís sabia de ante mano, lo que nunca deseo escuchar.
-    Debo decirte algo antes de ilusionarte â dejo unos minutos para que las palabras hicieran efectos y de un instante a otro le dijo â tengo novio, se llama Art.
Sin desistir antes de tiempo, Luís no bajo la guardia y siguió  luchando, contra ese amor que le pertenecía Al menos en sueños.
Llegando el verano y ávido de tanto amor por Daphne, Luís le revelo su amor en el jardín en casa de Daphne.
Un ligero viento gélido recorría los caminos de cupido, las estrellas brillaban un poco mas de lo normal, la luna parecía otra no la de diario, Daphne parecía haber cambiado tal vez debido a que Luís era un poeta y por lo tanto ladrón de corazones.  (Debido a su forma de hablar, su verbo)  Un abrazo, el ambiente taciturno que en ocasiones hacia crepitar las hojas caídas debido al viento. Seguido de un beso en la mejilla haciendo ruborizar hasta la flor mas hermosa, acto seguido los dos se abrazaron dejando una mano libre para asir los dedos mutuamente. Eso fue el principio de un gran amor, que nunca tuvo final.

Interrumpiéndolo, le dije:
-    ¿Entonces el ex fue el acecino?
-    Exactamente. Pero deja acabar de contarte.

Un día de tantos Art. los encontró en sublime pasión, los movimientos de Daphne estaban llenos de frenesí­ encima de el .Art. solo los contemplaba con desden pero no tanto por ella, sino por el. No fue tanto el acto haberlos visto en pleno ajetreo sexual en el baño, mas bien fue a lo se dicen celos.
Exasperado Art. lanzo un golpe lleno de furia, enojo, desprecio y fuerza contra Luís, inmediatamente este se desplomo sobre el piso. Por ultimo se dio la vuelta y empezó a gritar el nombre de Daphne acompañada con la palabra perdida. A lo lejos se escucho algo as como  Esto no se quedara así­.
Cuando hubieron pasados 6 meses, lo de Luís y Daphne se quedo en el mismo lugar donde empezó todo, en el intento de una ilusión, todo acabo según el propio Luís debido a la distancia existente entre uno y otro.
A sabiendas que: el que dice que la distancia es la cuestión del olvido es por que nunca ha querido. Se que solo fue un pretexto de todos los existentes para apartarse de el. Siempre el verdadero amor puede resistir distancias.
Aunque los dos en el fondo de sus almas compungidas llorando lagrimas de sangre, ni uno de los dos hacia algo para volver a unir la concordia perdida. No fue hasta cuando Luís se dedico olvidar las consecuencias y el desprecio que podi­a causar volver a frecuentar de nuevo a Daphne. Todo esto aconteció un día 22 de diciembre del año 1824.
Si dijera algo en seguida mentiría al persuadirte a una gran mentira, por lo que solo diré.
De esa tarde al caer la noche el habi­a muero de una manera atrozmente, pareciera que fue a causa de un demente.

-    No es por afanar en conseguir o augurar en saber la causa de su muerte pero el nunca supo que el día donde acabo todo, fue el día que empezó a morir. Lo que hizo a partir de entonces solo fue su auto destrucción. Le dije.
-    Tienes toda la razón, no me había dado cuenta en eso, el día cuando murió todo paso a ser de Daphne, sus recuerdos, besos, etc. Excepto sus sueños. Pareciera que Daphne habi­a esperado a enamorarse hasta después de haberlo perdido.
-    ¿Pero entonces las cartas por que no se las dio?
-    Pues por que nunca le abrió la puerta, así­ de simple. Pero ni siquiera el supo quien lo estaba esperando. Su ex Art., fue tras el a hurtadillas,  de modo que no se diera cuenta, ya en la calle desértica de personas, lo mato a flagelaciones de puñalazos y un batazo.

Dejo un momento en silencio, dejándome unos pedazos de hojas amarillentas sobre la mesa y continuo â Ahora sabes lo que tienes que hacer -  mientras se puso de pie y salio por la puerta principal que lo vio llegar.

De inmediato me dirigí­ a casa de Daphne, al llegar a su casa, justo de frente a la puerta principal tome aire, una y otra vez. Toco con los nudillos la puerta hasta obtener una respuesta. El tiempo no paraba y ahí­ afuera donde estaba todo seguía igual, la luna era de plata, el viento cantaba una canción triste, mientras que en el cielo teñido de azul marino ninguna estrella se asomaba a hacerme compañía.
Reiterando mi insistencia volví­ a tocar la puerta un poco más fuerte, pero el intento fue vano. Nadie salio.
Antes de irme deje los pedazos de hojas que le pertenecían justo entre el surco que divide a la puerta y el piso. Ya de regreso a casa el viento me hacia tiritar, debido a su humilde canción triste y gélida, cada paso que daba era una palabra que recordaba de esas hojas donde plasmo sus últimas palabras, y como si hubiera memorizado repetí para mi todo su contenido:

12:45 a.m.
Te he estado buscando durante todas mis vidas anteriores. No buscaba a alguien como tu, sino a ti, pues mi alma y la mía están destinadas a estar juntas.
Escribo estas líneas a la luz de las velas, mientas tu duermes. Esta es una noche de recuerdos, busco y encuentro la carta que hace un mes me diste, esta en el primer cajón, envuelto en un papel de seda. Lo vuelvo a leer y revivo cada uno de los instantes maravillosos que pasamos juntos. Veo el reloj dándome cuenta  que es otro día. 1 de diciembre. Hoy cumplimos casi un año.
Parece que fue ayer, aquel día en donde un pequeño beso te dijo- ¿Cuanto te queri­a? Tal vez fue amor a primera vista o tu forma de mirar lo que provoco que cupido nos flechara a los dos de un zarpazo en pleno beso lleno de amor.
Decirte te quiero me queda pequeño, alguien deberi­a de inventar nuevas palabras para definir mis sentimientos.
Te quiero como dos palabras que forman una sonrisa en tus labios, como dos cielos llenos de colores reflejados en tus ojos, como dos palabras infinitas que no deben dejar de sentirse.
En un futuro
Si has conservado esta carta y la relees, cree que lo que digo vale también ahora Daphne, donde quiera que estés y cuando quieras leer esto, te quiero. Te quiero mientras escribo estas líneas, te querré  cuando las leas. Y lamentare no decírtelo en persona.  Te quiero con toda el alma, querida mía.

Mi añoranza por su presencia, causaba recordarlo a cada instante, a mi amigo Luís.  Una conmoción de  tristeza casi me hacia sollozar. A unos pasos antes de llegar a mi­ casa alguien llamo de un estampido mi nombre.
Pare de inmediato volteando a ver a Daphne acercándose a mi­.
-    acompáñame a verlo, yo se que esta ahí, en el lugar de los olvidados.
Asentí­ con la cabeza, mientras inesperadamente caía una gota de lluvia en mi cabeza, provocando ver al cielo grisáceo. Cual seria mi sorpresa, habi­a una estrella, la mas brillaza que había visto. En ese instante recordé lo que hace tiempo me dijo mi padre:
-    -  Oye papa, ¿Donde se van los muertos? pregunto el niño.
-    Se van al cielo son eso puntos brillantes que parpadean en toda la noche.
El niño levanto la vista, contemplando una estrella fugaz. La cual desapareció.
-    ¿Pero como saber donde esta mama en el cielo, si son cientos de ellas?
-    Pues simple. Siempre abra alguna que te llame más la atención, aquella que es diferente de las demás, ya sea por su color o por su tamaño.
Era Luís.

Augusto Mata Vidal. Distrito Federal, Mexico.