Tenía 17 años cuando lo conocí. Yo estaba de novia hacia unos meses y mi relación en crisis. Él, Elisandro, había venido de otra ciudad y su educación era muy diferente a la mía. Su condición económica también. Resulta que íbamos al mismo Colegio Secundario y mi madre era Preceptora del mismo (y controlaba que siempre yo, su hija, diera el ejemplo a los demás alumnos) Mi familia, en mi ciudad natal, era (y es) muy reconocida y con una moral intachable, lo que sumaba un poco de presión a mi vida, por cierto.

Elisandro, totalmente rebelde e impulsivo, tenía todas las chicas a sus pies, y yo despreciaba su forma creída y galante de ser. Lo ignoraba totalmente, pero él empezó a hacer de todo para conquistarme, hasta le favoreció la circunstancia de tener que mudarse justo enfrente de mi casa!!!
Y todo se fue dando lentamente… Me dedicaba temas musicales, se ponía en la ventana de su casa y me miraba día y noche, me decía cosas lindas y señas de que quería estar “POR FAVOR” conmigo…

Me fue gustando… y una noche me animé a charlar con él en el tejado de mi casa (sabiendo que a esa hora todos los días, mis padres charlaban en la sala) El reloj, a partir de allí fue mi mejor aliado… y con Eli nos veíamos determinados días para tan sólo charlar (y separados por el alambrado). Fue imposible no enamorarme, pues él me hacía muy feliz, nos reíamos mucho juntos, inclusive dejó su vida de “Don Juan” por mi.

Por otro lado, decidí cortar con mi novio (que por cierto vivía en otra ciudad). Él era frío y no me trataba bien… no sentí culpa de hacerlo, pues Elisandro con sólo su compañía me daba tanta vida…

Mis padres me prohibieron que sea siquiera su amiga: “No es el chico para vos, no va con nuestra familia”, pero ya era tarde… nos amábamos tanto… Los encuentros secretos se incrementaron: a determinada hora de la noche yo saltaba de la ventana de mi habitación y nos veíamos en secreto.

Durante el día él me dejaba cartas al final del terreno de mi casa y yo al contestarlas las debía dejar del otro lado también. Nunca dejó de lado lo detalles: la música y las señas de una casa a la otra era una de las formas de comunicarnos, hasta para encontrarnos en algún lugar a determinada hora.

Nunca me faltó el respeto, jamás. Aprendimos tantas cosas juntos… hasta le enseñé a rezar y lo hacíamos juntos todas las noches! Hasta a veces nos quedábamos dormidos en el césped mirando las estrellas… Con él fue mi primera vez y fue maravilloso.

Soñábamos con casarnos e irnos lejos, pues, aunque él había intentando hablar con mis padres, ellos (principalmente mi madre) lo despreciaba totalmente. Nuestros amigos nos ayudaban a encubrirnos, pero por alguna razón mi instinto no me falló, pues empecé a desconfiar de una de mis amigas: temía que ella se estuviera enamorando de mi novio secreto.

Y finalmente así fue. Fue la envidia y el resentimiento de no ser correspondida lo que la llevaron a traicionarme. Le contó todo a mi madre quien enloquecida de nervios, a partir de ahí, convirtió mi vida en un infierno. Me prohibió verlo, salir de casa (sólo podría ir a la Iglesia y al Colegio y acompañada por ellos) Me lo prohibió todo y me castigaba física y psíquicamente todos los días… Sólo quería morirme…

Elisandro siguió escribiéndome y yo a él, nos mirábamos de lejos, no parábamos de llorar… fue lo peor que me pasó en la vida.

Como no me venía la regla (porque mi madre nunca supo que yo era súper irregular) creyó que estaría embarazada y que era la vergüenza de la familia y de la ciudad toda. Me maltrató tanto que hasta yo lo creí y Elisandro pensó en esa posibilidad, pues no nos habíamos cuidado esa primera y única vez. Me propuso nos casáramos en secreto, que él conocía un sacerdote amigo, y que nos fuéramos lejos. Pero yo le dije que enfrentaría todo porque era mi responsabilidad y que luego estaríamos juntos.

Lo decidí así porque Eli cuando mi madre lo descubrió todo, tuvo tanto miedo que no luchó por mi de inmediato y eso me hizo decidir afrontarlo sola. Cuando él se acercó a hablarlo con mis padres casi lo matan… Un día, por la noche, escuché que él estaba detrás de las persianas de mi ventana… hablamos… sentía su respiración… rezamos a Dios pidiéndole nos perdonara si hicimos las cosas mal, pero que nos amábamos con locura… lloramos…

Así pasaron los días, los meses… hasta que tuve que viajar a otra ciudad para ir a la Universidad (pensamos que sería una buena oportunidad para vivir nuestra historia) pero las cosas empezaron a cambiar. Como él todavía debía quedarse en nuestra ciudad a ayudar a sus padres y perdiendo la esperanza… empezó su affair de galán por despecho, porque pensó que yo lo dejaría de amar puesto que yo era la chica de buena posición y Apellido y él era nadie.

Aún así, pasaron los años y cada vez que volvía a mi ciudad nos veíamos, llorábamos… no dejábamos de amarnos, y mi madre tampoco de controlarme. Pero al enterarme que en una de sus aventuras por despecho a la situación dejó embarazada a una chica… con mucho dolor en el alma, le dije “ADIOS”.  El, no quería que termináramos: decía amarme a mi con locura, que había cometido un error, que podíamos adoptar a su hija, ya que a la madre biológica no tenía la madurez necesaria ni el interés en cuidarla, y le dije que no.

Que se casara con la madre verdadera. Que ella lo amaba. Que era ella y ese bebé su familia ahora.
Pese a sus intentos dejé de responder a sus cartas, sus llamados, sus señas de lejos… Su hermano me dijo que yo siempre seré el amor de su vida y desde el fondo de mi ser creo que siempre estaremos de alguna forma conectados…aunque sea por los esos bellos recuerdos de un amor que no pudo ser.
Hoy, después de casi 10 años, lo recuerdo como mi primer y gran amor. Según sus amigos y conocidos él todavía me recuerda y nunca deja de amarme…

Esa fue mi historia… prohibida, pero sentida desde el alma…

Alicia Posadas, Argentina